Cd. Delicias, Chih. 03 de octubre de 2022


Salamanca sí prestó : Por Luis Villegas Montes

Fecha/hora de publicación: 19 de junio de 2022 18:33:18

Dice el conocido proverbio español: “Lo que natura no da, Salamanca no presta”.

Lo que viene a significar que algunas cualidades de las personas han de ser innatas; tales como la inteligencia, la disciplina, la fuerza de voluntad, la perseverancia, etc.; o, dicho de otra forma, que esas cualidades personales es posible cultivarlas, pero no adquirirlas ni yendo a bailar a Chalma (diría otro conocido refrán).

Pues yo estoy feliz porque Salamanca quiso y me hizo el honor.

Me explico: hace dos años, empecé a cursar un Master en Literatura Creativa en esa prestigiada casa de estudios. Como cantaba Serrat: “harto ya de estar harto”, ese asunto de estudiar derecho a mañana, tarde y noche empezaba a fatigarme o más bien dicho, me tenía hasta la coronilla. La Sala es cosa de quedarse sin ojos viendo y leyendo multitud de cosas, entre otros, decenas, cientos o miles de páginas, según las dimensiones de los tocas. En ínter, le recuerdo amable lector, gentil lectora, estudié un doctorado en derecho judicial y una especialidad en mediación.

Sin embargo, de la mano de la casualidad, llegó vivífica, la noticia de que se podía estudiar en línea un Master en Literatura Creativa en Salamanca y ahí voy: me inscribí y estudié y leí y aprendí muchas cosas. Esas largas horas pensando y escribiendo cuentos, crónicas, poemas, guiones y mini-obras de teatro, me llenaron el alma de alegría y fueron como un bálsamo en ese páramo árido en que, a veces, sin aparente causa, se nos vuelve la vida.

Yo siempre he dicho que la vida nos lleva por donde quiere; veleidosa, a su aire, la vida te va empujando, te va alentando, te va obligando a tomar decisiones y, cuando menos te lo esperas, estás ahí, en medio de la gloria, o de un páramo, a donde llegaste sin saber cómo ni cuándo.

Lo anterior, no quiere decir que no seas dueño de tu propio destino en gran medida; están tus decisiones cotidianas —esas, las chiquitas, las que parecen intrascendentes— que en forma imperceptible le van dando rumbo y sentido a la existencia. Están, además, las decisiones fundamentales, esas que en un pestañeo pueden torcer, o enderezar, toda tu vida.

Sin embargo, están también esa semilla de caos; esa ignorancia infinita, esa casualidad imposible, esa inmanencia de ser antes que el deber ser, que dan al traste con los cálculos más refinados o las esperanzas más optimistas y nos llevan a la gloria o al páramo.

Yo me niego, en la medida de lo posible y de mis fuerzas menguantes, a ser como la basurita de la canción que arrastra el viento; estoy aquí, ahora, tratando de ser feliz incluso en contra del asno que soy la mayor parte de las veces, buscando huequitos, recovecos, para la felicidad (ese solecito que cuando se hace presente todo lo alumbra).

En ese trance, pues, vino Salamanca a decirme que sí; que concluí satisfactoriamente el curso (aprobé con diez) y que tengo ese Master que tanto anhelé y que, se supone, me permite escribir las barbaridades de siempre aunque ahora, claro está, con cierto toque de autoridad.

No se piense, querido lector, gentil lectora, que el famoso curso le dio alas a la inspiración ni mucho menos al talento; si acaso, le dio cauce a un balbuceo. Concluyo con un humilde ejemplo:

TE QUIERO.

Te quiero muelle.

Te quiero blanda.

Te quiero tenue.

Te quiero laxa.

Te quiero muelle.

Te quiero ala.

Te quiero sola.

Te quiero manda.

Te quiero, manda.

Te quiero inmensa.

Te quiero brava.

Te quiero intensa.

Te quiero saína.

Te quiero simple.

Te quiero salva.

Te quiero breve.

Te quiero mansa.

Te quiero ola.

Te quiero mueca.

Te quiero risa.

Te quiero urgencia.

Te quiero loca,

desmesurada.

Te quiero roja.

Te quiero blanca.

Te quiero dulce.

Te quiero amarga.

Te quiero dura.

Te quiero exhausta.

Te quiero ajena.

Te quiero viva.

Te quiero libre.

Te quiero mía.

Te quiero.

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